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45 actividades divertidas para niños de entre 5 y 6 años en infantil

Creado: 17 septiembre 2026Última actualización: 23 septiembre 2026

¿Qué puedes hacer con tu hijo cuando ya se ha cansado de los juguetes de siempre? ¿Sobre todo cuando quieres algo más que simplemente entretenerlo, sino que quieres que aprenda algo de verdad mientras se divierte? En este artículo hemos recopilado 45 actividades divertidas para preescolar. Encontrarás juegos con letras y números, proyectos creativos, juegos de movimiento, pequeños experimentos científicos y actividades que ayudan a los niños a comprender mejor sus emociones.

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La mayoría de estas divertidas actividades para infantil no requieren materiales caros ni tener que ir a una tienda de manualidades. Algunas se pueden preparar en cinco minutos en la mesa de la cocina, mientras que otras necesitan un poco más de espacio: un pasillo, un jardín o un rincón del salón que puedas despejar un rato.

La idea principal que subyace a todas estas actividades para niños de infantil es la misma: el niño no se limita a escuchar una explicación. Juega, se mueve, toca cosas, adivina, a veces se equivoca y aprende sin darse cuenta realmente de que le están enseñando.

¿Qué caracteriza a una buena actividad para un niño de edad preescolar?

A esta edad, a los niños todavía les cuesta mucho quedarse quietos durante mucho tiempo y limitarse a escuchar. Su atención funciona de otra manera: está ligada al movimiento, a la curiosidad y a hacer cosas, más que a escuchar. Eso no es un defecto que haya que corregir; simplemente es así como funcionan los niños de cinco y seis años, y las actividades que mejor funcionan aprovechan esta característica en lugar de luchar contra ella.

Por ejemplo, en lugar de limitarte a enseñar los números a partir de una ficha, podéis contar juntos los juguetes mientras recogéis. En lugar de repetir el alfabeto una y otra vez, puedes convertirlo en una búsqueda de objetos que empiecen por un sonido determinado. El aprendizaje surge como un efecto secundario de la diversión, no como el objetivo principal.

Por eso, una buena actividad de infantil es aquella en la que el niño puede moverse, tocar objetos, crear algo con las manos o jugar siguiendo unas pocas reglas sencillas; nada que le obligue a sentarse y absorber información de forma pasiva.

¿Por qué deben los niños aprender a través del juego?

El aprendizaje no tiene por qué parecerse a una clase, y para un niño pequeño, por lo general, no debería hacerlo. El juego suele ser la forma más fácil y menos estresante para que un niño de cinco o seis años descubra algo nuevo, porque no hay presión para acertar a la primera.

  • El niño aprende sin sentir que le están evaluando.
  • Es más fácil mantener su atención cuando participan sus manos y su cuerpo.
  • Un solo juego puede desarrollar discretamente varias habilidades a la vez.
  • El niño practica esperar su turno y seguir reglas sencillas.
  • Estas actividades de aprendizaje de infantil son fáciles de repetir en casa, una y otra vez, sin que lleguen a aburrir nunca.
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Actividades de expresión oral y lectura para infantil

1. Búsqueda de sonidos

Elige un sonido —por ejemplo, la «m»— y pide a tu hijo que busque tres cosas en casa cuyos nombres empiecen por ese sonido. Una pelota, un cuenco o un rotulador valen. A medida que va reuniendo su pequeño montón de hallazgos, está entrenando su oído para detectar los sonidos dentro de las palabras, lo cual es uno de los primeros pilares fundamentales de la lectura.

2. Bingo de palabras

Se trata del bingo habitual, pero en lugar de números, rellena las cartillas con palabras sencillas que tu hijo ya reconozca de los libros o de las fichas didácticas. Di las palabras una a una y observa cómo revisan su cartón en busca de una coincidencia. Es una forma sencilla de fomentar el reconocimiento de palabras y la memoria, y funciona igual de bien con dos jugadores que con todo un grupo de primos.

3. Pon la historia en orden

Coge unas cuantas imágenes de un cuento que tu hijo ya conozca bien, barájalas y dáselas. Su tarea consiste en volver a colocar las imágenes en el orden correcto: qué pasó primero, qué vino después y cómo terminó todo. Es un ejercicio sorprendentemente eficaz para comprender las secuencias y para volver a contar la historia con sus propias palabras después.

4. Rompecabezas del nombre

Escribe el nombre de tu hijo en letras grandes en una hoja de papel y, a continuación, recórtalo en letras individuales. Mezcla las piezas y pídele que vuelva a formar su propio nombre correctamente. Hay algo especialmente motivador en un rompecabezas formado por el propio nombre, y es una forma suave y personal de reforzar las formas de las letras y su reconocimiento.

5. Letras hechas con plastilina

Dale a tu hijo un trozo de plastilina y pídele que lo enrolle hasta formar «serpientes» finas. A partir de ahí, puede doblar y dar forma a cada serpiente para convertirla en una letra; empezar por las letras de su propio nombre es una buena forma de comenzar. Además de practicar las formas de las letras, esta actividad es fantástica para desarrollar la fuerza en las manos que los niños necesitarán más adelante para escribir.

6. Lectura a nuestro alrededor

Pega con cinta adhesiva o coloca de pie unas cuantas tarjetas con letras o palabras sencillas por toda la habitación con antelación. A continuación, envía a tu hijo a una pequeña expedición para encontrarlas, diciendo en voz alta cada letra o palabra a medida que la vea. Convertir toda la habitación en un campo de búsqueda hace que el reconocimiento de las letras parezca un juego de escondite en lugar de un ejercicio repetitivo.

7. Lee y representa la historia

Lee en voz alta a tu hijo un cuento corto y conocido mientras él representa las escenas con juguetes, peluches o cualquier objeto doméstico que tenga a mano. Dejar que represente físicamente la trama mantiene su atención fija y profundiza en su capacidad para seguir y comprender realmente la historia, en lugar de limitarse a escuchar las palabras.

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Actividades matemáticas para infantil

8. Saltar sobre los números

Dibuja o pega con cinta adhesiva una fila de números en el suelo en orden, como si fuera una rayuela casera. Di en voz alta un número y haz que tu hijo salte hasta él y caiga justo encima. Como el conteo se realiza con todo el cuerpo, esta actividad suele calar mucho mejor en los niños más inquietos que cualquier hoja de ejercicios.

9. Clasificar y contar

Vierte un montón de objetos pequeños —botones, bloques de construcción o una bolsa con juguetes variados— sobre la mesa. Primero, haz que tu hijo clasifique todo por colores en pequeños grupos; después, que cuente cuántos hay en cada montón. Es una actividad sencilla de dos pasos, pero que abarca de forma sutil la clasificación, la comparación de cantidades y el conteo básico, todo a la vez.

10. Búsqueda de formas

Muéstrale a tu hijo una imagen o un recorte de una forma concreta —un círculo es ideal para empezar— y luego buscad juntos por toda la casa objetos reales que se parezcan a ella. Un plato, un reloj, un posavasos… de repente, todo forma parte de la búsqueda. Es una forma sencilla de hacer que las formas geométricas parezcan algo que existe en el mundo real, y no solo en una ficha de ejercicios.

11. Llenar una fila de diez

Dibuja diez cuadrados vacíos en fila en una hoja de papel. Tu hijo se turna para colocar un objeto pequeño en cada cuadrado, contando en voz alta del uno al diez a medida que lo hace. Ver cómo se va llenando la fila le da una idea concreta y visual de cómo es realmente el número diez, lo cual resulta más útil a esta edad que recitar el número por sí solo.

12. Gráfico de la merienda favorita

Pregunta a varios niños o miembros de la familia cuál es su merienda favorita y, a continuación, dibuja una columna sencilla para cada opción en una hoja de papel. Cada vez que alguien vote por una merienda, añade un cuadrado a esa columna. Al final, tu hijo habrá creado su primer gráfico de barras sin siquiera darse cuenta de que eso es un gráfico, al tiempo que practica contar y comparar cantidades.

13. Continúa la secuencia

Crea una secuencia repetitiva sencilla con bloques o figuras de colores —rojo, azul, rojo, azul, por ejemplo— y, a continuación, haz una pausa y pregúntale a tu hijo qué viene después. Una vez que le haya cogido el truco, deja que cree su propia secuencia para que tú la adivines. Esta actividad es sorprendentemente buena para desarrollar la lógica temprana y la capacidad de detectar patrones, una habilidad que se repite una y otra vez en las matemáticas más avanzadas.

14. Tira los dados y suma

Dale a tu hijo dos dados para que los tire. Pídele que diga los números que salen en cada uno y, a continuación, contadlos juntos para hallar el total. Es una introducción amena y sin presión a la suma que parece más un juego que una clase de matemáticas, y resulta ideal como actividad rápida de cinco minutos cada vez que haya que matar un rato de espera.

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Actividades de movimiento activo para infantil

15. Bailar y quedarse quieto

Pon música y bailad juntos. Cuando se pare la música, di en voz alta una letra, y tu hijo tendrá que quedarse quieto e intentar formar esa letra con su cuerpo. Entre el baile y la parada repentina, esta actividad fomenta la coordinación y las habilidades motrices, al tiempo que introduce de forma sutil el reconocimiento de letras.

16. Relevo de animales

Reta a tu hijo a cruzar la habitación o el jardín imitando el movimiento de diferentes animales: saltando como una rana, caminando pesadamente como un oso o desplazándose de lado como un cangrejo. Los niños suelen lanzarse a esta actividad con mucho entusiasmo, y es una forma estupenda de quemar energía al tiempo que desarrollan la coordinación y las habilidades motoras gruesas.

17. Lanzar y contar

Coloca varias cajas o cestas, cada una etiquetada con un número, separadas entre sí a una distancia de un lanzamiento corto. Tu hijo lanza una pelota o una bolsita de frijoles hacia ellas, ganando puntos según el recipiente en el que caiga. Sumar la puntuación al final supone una práctica extra de contar sin que parezca que ese sea el objetivo del juego.

18. Pista de obstáculos

Construye una sencilla carrera de obstáculos con cojines, sillas y otros objetos domésticos seguros que tengas por casa. A medida que tu hijo la recorra, ve describiendo el recorrido con palabras como «por encima», «por debajo», «a través de» y «alrededor de», para que la carrera se convierta también en una lección de lenguaje espacial, y no solo en un reto físico.

19. Caminar por la línea

Pega una tira de cinta adhesiva al suelo, o dibuja una línea con tiza si estás al aire libre, y pide a tu hijo que camine por ella de talón a punta sin salirse por ninguno de los lados. Parece casi demasiado sencillo, pero es realmente útil para desarrollar el equilibrio y el control corporal —y los hermanos mayores suelen no poder resistirse a probarlo también.

20. Formas musicales

Esparce formas de papel grandes por el suelo y pon música. Cuando la música se detenga, di en voz alta el nombre de una forma, y tu hijo tendrá que correr a buscarla y ponerse encima antes de que la música vuelva a sonar. Es básicamente el juego de las sillas musicales con un toque de geometría, que combina el movimiento con el reconocimiento de formas.

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Actividades de STEM y de ciencia sencilla para infantil

21. ¿Se hunde o flota?

Llena un cuenco con agua y reúne un puñado de pequeños objetos domésticos: una cuchara, un corcho, una moneda, un juguete de plástico. Antes de echar cada uno de ellos al agua, pide a tu hijo que adivine si se hundirá o flotará; después, probadlo juntos y ved quién tenía razón. Es un pequeño experimento, pero supone una auténtica introducción a la idea de hacer una predicción y luego contrastarla con la realidad.

22. Flores que cambian de color

Coloca una flor blanca o un tallo de apio en un vaso de agua mezclada con unas gotas de colorante alimentario y, después, solo tienes que esperar. Comprueba con tu hijo al cabo de uno o dos días hasta qué punto el color ha subido por los pétalos o el tallo. Observar cómo algo cambia lentamente, de forma casi imperceptible, es una buena lección temprana tanto de paciencia como de ciencia.

23. Dibujar sombras

En un día soleado, salid al exterior y utilizad tiza para trazar el contorno de la sombra de una persona o un objeto sobre el pavimento. Vuelve una o dos horas más tarde, traza de nuevo la sombra en el mismo lugar y compara los dos contornos. Es una forma sencilla y visual de que tu hijo se dé cuenta de que las sombras se mueven y cambian de forma a lo largo del día, aunque el objeto en sí no haya cambiado en absoluto.

24. Carreras de coches de juguete

Construye unas cuantas rampas pequeñas apilando libros y trozos de cartón, cada una a una altura diferente. Deja que tu hijo haga correr los coches de juguete por ellas y vea cuál llega más lejos o va más rápido. Además de ser divertido, es una primera toma de contacto práctica con la relación causa-efecto y, en realidad, con la física básica.

25. ¿Qué atrae un imán?

Entrega a tu hijo un imán junto con una pequeña colección de objetos domésticos —algunos metálicos, otros no—. Pídele que pruebe cada objeto uno a uno y que lo clasifique en una de estas dos pilas: «atrae al imán» o «no atrae al imán». La propia clasificación desarrolla la capacidad de observación y comparación, y a los niños a menudo les sorprende qué objetos cotidianos responden y cuáles no.

26. Diario del tiempo

Cada día, salid juntos al exterior o mirad por la ventana y anotad el tiempo utilizando símbolos sencillos: un sol, una nube, una gota de lluvia. Al final de la semana, repasad juntos toda la tabla y averiguad qué tipo de tiempo ha sido el más frecuente. De esta forma, algo que tu hijo ya observa cada día se convierte en un pequeño ejercicio continuo de observación y detección de patrones.

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Actividades creativas y habilidades de motricidad fina para infantil

27. Tarjetas para ensartar

Haz una fila de agujeros alrededor del borde de una figura de cartón. Dale a tu hijo un cordón de zapato, una cinta o un trozo de cordel grueso y deja que lo pase por los agujeros a su propio ritmo. Es una actividad tranquila que requiere concentración y que desarrolla las habilidades motoras finas y la coordinación de las manos —una base realmente útil para aprender a escribir y, con el tiempo, a atarse los propios cordones.

28. Aprender a cortar

Dibuja una mezcla de líneas rectas, onduladas y en zigzag en una hoja de papel. Dale a tu hijo unas tijeras aptas para niños y deja que practique cortando a lo largo de cada línea, pasando de las líneas rectas más fáciles a las curvas más complicadas. Esta actividad desarrolla gradualmente la coordinación de las manos y el control de las tijeras, una habilidad que requiere mucha repetición para desarrollarse.

29. Pinzas de la ropa y colores

Coloca unas cuantas tarjetas de diferentes colores junto con un juego de pinzas de la ropa del mismo color. La tarea de tu hijo consiste en colocar cada pinza en la tarjeta que tenga el mismo color. Es una tarea sencilla y gratificante que fortalece los mismos músculos de los dedos que se utilizan para escribir, al tiempo que refuerza el reconocimiento de los colores.

30. La imagen que aparece

Antes de que tu hijo lo vea, dibuja una imagen sencilla en un papel blanco con un lápiz de cera blanco; quedará invisible sobre la página. A continuación, dale a tu hijo un pincel y unas acuarelas y pídele que pinte toda la hoja. A medida que la pintura se extienda, la imagen oculta se irá revelando poco a poco, lo que suele provocar una reacción de auténtico asombro cada vez.

31. Tejido con platos de papel

Corta una serie de pequeñas muescas en forma de anillo alrededor del borde de un plato de papel. Dale a tu hijo un trozo de cordel o hilo y enséñale a pasarlo por las muescas, pasando por encima de una y por debajo de la siguiente a lo largo de todo el contorno. El movimiento constante de «por encima-por debajo» es un ejercicio excelente y sencillo para desarrollar la motricidad fina y la coordinación manual.

32. Clasificación con pinzas

Esparce una mezcla de pompones pequeños, gomas de borrar u otros objetos pequeños y seguros sobre la mesa. Con unas pinzas de cocina o unas pinzas para niños, haz que tu hijo coja cada uno de ellos y los clasifique por colores en las diferentes secciones de un cartón de huevos vacío. El movimiento de pinzamiento que se requiere es ideal para los pequeños músculos de la mano que los niños utilizarán más adelante para escribir, y se necesita mucha concentración para colocar cada pieza en su compartimento sin que se caiga.

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Actividades para el desarrollo emocional

33. La rueda de las emociones

Dibuja unas cuantas caras sencillas que expresen diferentes emociones —alegría, tristeza, enfado, miedo, sorpresa— y colócalas alrededor de una rueda, o simplemente dispónlas como si fueran cartas. Pide a tu hijo que elija una o que gire la rueda y, a continuación, hablad de alguna ocasión en la que se sintiera así de verdad. Ponerle un nombre y una cara a un sentimiento ayuda a los niños a comprender sus propias emociones y les da las palabras necesarias para hablar de ellas, en lugar de limitarse a expresarlas con gestos.

34. El tarro de la amabilidad

Ten un tarro vacío en algún lugar visible de la casa. Cada vez que tu hijo, o cualquier otro miembro de la familia, haga algo amable, mete en él un pompón, un botón u otro objeto pequeño. Ver cómo el tarro se va llenando poco a poco a lo largo de los días y las semanas fomenta una verdadera conciencia de los gestos amables y ofrece a toda la familia una pequeña forma compartida de darse cuenta del cariño que se tienen los unos a los otros.

35. El tarro de la calma

Llena un tarro o una botella transparente con agua y una generosa cantidad de purpurina, y luego cierra bien la tapa para que no se derrame. Cuando tu hijo esté muy agitado o necesite un momento para calmarse, agitad el tarro juntos y observad en silencio cómo la purpurina va descendiendo lentamente hasta el fondo. Esto le proporciona algo tranquilizador en lo que concentrarse y, con el tiempo, se convierte en una señal física que le ayuda a salir por sí mismo de una emoción intensa.

36. Círculo de elogios

Sentaos juntos en círculo, ya seáis solo vosotros dos o toda la familia. Por turnos, cada persona dice algo amable a la persona que tiene al lado. Es un pequeño ritual, pero fomenta la práctica real de la amabilidad, de prestar atención a los demás y de dar y recibir cumplidos con elegancia.

37. Resolver conflictos

Plantea una situación ficticia sencilla —por ejemplo, dos niños que quieren exactamente el mismo juguete— y pregúntale a tu hijo qué cree que se podría hacer al respecto. Una vez que haya propuesto una idea, intentad representarla juntos y ved cómo sale; después, comentad si realmente ha resuelto el problema. Resolver un conflicto imaginario de poca importancia como este desarrolla habilidades de negociación reales a las que podrá recurrir más adelante, cuando el conflicto sea real.

38. Dibuja lo que te ha hecho feliz

Pídele a tu hijo que dibuje una cosa que le haya hecho feliz ese día; puede ser algo grande o algo tan pequeño como un buen desayuno. Cuando haya terminado, deja que te cuente a ti o a otro niño qué representa el dibujo y por qué lo ha elegido. El dibujo en sí es casi secundario; el verdadero valor reside en ayudarle a darse cuenta y a expresar con palabras un momento agradable, en lugar de dejar que pase desapercibido.

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Actividades en el aula de infantil en grupo

39. Círculo matutino

Reúne a todos en un círculo y saluda a cada niño por su nombre al comenzar el día. A continuación, yendo de uno en uno por el círculo, cada niño saluda a los demás a su manera. Es una pequeña rutina, pero contribuye de forma sutil a desarrollar las habilidades sociales y a que cada niño tenga la clara sensación diaria de que forma parte del grupo.

40. La rueda de tareas

Elabora una breve lista de tareas sencillas y factibles —regar las plantas, repartir lápices, ayudar a ordenar las estanterías— y asigna una nueva a cada niño siguiendo una rotación diaria o semanal. Tener una tarea concreta, por pequeña que sea, suele hacer que los niños se sientan realmente útiles y, con el tiempo, fomenta un sentido real de la responsabilidad y la independencia.

41. «¿Qué elegirías?»

Hazle a tu hijo una pregunta sencilla de «o esto o lo otro»: «¿Preferirías poder volar o ser invisible?» es siempre una buena forma de empezar. Deja que elija una opción y luego explique su razonamiento, por muy tonto o serio que resulte. Preguntas como estas son una forma estupenda y sin presión de animar a los niños a hablar, y fomentan la expresión oral, la imaginación y la confianza necesaria para explicar su propia opinión.

42. Relevo de palabras

Extiende un juego de tarjetas con palabras en el extremo más alejado de la habitación. Di una palabra en voz alta y haz que el niño corra hasta allí, busque la tarjeta correspondiente entre el montón y te la traiga. Este juego combina el reconocimiento de palabras con la rapidez mental y un poco de actividad física, lo que lo convierte en una buena opción para las tardes en las que los niños están inquietos.

43. Tabla meteorológica

Cada mañana, mirad juntos por la ventana y averiguad qué tiempo hace. Anotad en una tabla el tiempo que hace —soleado, nublado o lluvioso— y, una vez terminada la semana, sentaos juntos y comparad los resultados. Es un hábito diario sencillo que desarrolla la capacidad de observación y ofrece a los niños su primera experiencia práctica leyendo una tabla sencilla.

44. Dibujo colaborativo a gran escala

Coged una hoja grande de papel y divididla en secciones, una por niño. Cada niño dibuja su propia sección como quiera y, una vez que todos hayan terminado, las secciones se unen para formar una única imagen grande. Ver cómo su parte individual se convierte en parte de algo más grande es una bonita lección concreta sobre la creatividad y el trabajo en equipo para lograr un resultado compartido.

45. La caja misteriosa

Esconde un objeto dentro de una caja donde tu hijo no pueda verlo y, a continuación, dale algunas pistas una a una: «Es redondo», «Es pequeño», «Es rojo». Deja que adivine qué hay dentro después de cada pista, o espera hasta el final para crear más suspense. Es un juego sencillo, pero requiere expresión oral, atención auditiva, memoria y una buena dosis de razonamiento lógico a medida que se acumulan las pistas.

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Cómo elegir la actividad adecuada para tu hijo

Elige actividades breves. Si tu hijo ya ha perdido el interés, es mejor dar por terminado el juego y proponerle otra cosa.

No le des demasiadas explicaciones. Si una actividad requiere muchas instrucciones, es más fácil simplemente mostrarle un ejemplo a tu hijo.

Varía los materiales. Puedes practicar la misma habilidad de diferentes maneras: hoy contando bloques, mañana botones y pasado mañana juguetes.

Alterna juegos tranquilos con otros activos. Después de un juego de movimiento, propón algo más tranquilo: dibujar, clasificar u un juego de palabras.

No hace falta complicar las tareas más de lo necesario. Si escribir le resulta difícil, tu hijo puede deletrear una palabra con fichas de letras. Si le cuesta contar una historia con palabras, utiliza imágenes.

Deja que tu hijo elija. A veces basta con preguntarle: «¿Quieres jugar hoy con números o con letras?».

Preguntas frecuentes

«¿Cuál elegirías?», el círculo de los cumplidos y la búsqueda de sonidos apenas requieren preparación.

La mayoría de las actividades de esta lista duran entre 5 y 20 minutos aproximadamente. Si tu hijo pierde el interés antes, es totalmente normal.

Las actividades de educación infantil suelen centrarse más en el juego libre y la exploración. En una clase de infantil, a menudo se añade un objetivo de aprendizaje concreto al juego.

No es que sean necesariamente mejores ni peores. Los juegos simplemente ofrecen a tu hijo otra forma de aprender.

No te precipites y no compliques más la tarea. Intenta cambiar el formato en su lugar.

Es recomendable ir alternando diferentes tipos de actividades: expresión oral y lectura, matemáticas, movimiento, creatividad, experimentos científicos sencillos y juegos que fomenten la comprensión emocional.

No hay un número fijo. Normalmente basta con unas cuantas partidas cortas repartidas a lo largo del día.

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